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Abordan el perfil del educador en el siglo XXl en seminario-taller sobre habilitación docente

23 Septiembre 2013

 

 RHC4921

La expositora enfatizó en su presentación, la relación liberadora del maestro con sus alumnos, el compromiso de este profesional con la educación, su papel de agente y modelo de cambios sociales, las características que debe poseer y la realidad que debe vivir el docente en el Siglo XXl.

A continuación el texto de la presentación de la doctora Ana Dolores Guzmán, Asesora de Programa Especiales del INAFOCAM


El perfil del docente para el siglo XXI.

La relación entre maestro y alumno debe ser una relación liberadora, que se da cuando se comparten conocimientos y herramientas útiles y trascendentales para la vida; un maestro puede transmitir a sus alumnos el amor por la materia que imparte, el amor por la investigación, por el trabajo, por la riqueza de las relaciones de los demás, por la vida y sobre todo, por el descubrimiento y la construcción de sí mismo.

Este aprendizaje se da en la relación interpersonal con los padres, en primer lugar, y en segundo término en la relación significativa y profunda con otros adultos y compañeros de escuela. Es aquí donde resulta fundamental el papel del auténtico maestro comprometido con una educación para la vida.

El perfil de los maestros que pueden lograr la transformación que nuestros tiempos demandan, exige un alto compromiso hacia ellos mismos y hacia la comunidad educativa, exige una opción de vida y una jerarquía de valores orientada a lo humano y a la construcción de una sociedad más justa.

Relación liberadora en virtud de un ejercicio y educación de la libertad y la voluntad, el maestro debe ser un guía, no “atar” la mente de sus alumnos, dejarlos descubrir sus propios procesos, autodeterminarse, dejarlos descubrir, aprender por sí mismos, emitir sus propios juicios y opiniones, equivocarse, retomar el rumbo, en una frase “dejarlos ser y crecer”, no coartarlos.

Entendiendo por compartir, el proceso de dos vías que es el de enseñanza-aprendizaje, se comparten conocimientos, habilidades, actitudes, experiencias, emociones tanto del docente hacia el alumno, como del alumno hacia el docente, mostrando con el propio desempeño el amor por lo que se hace colaboradora y equitativa, con una opción por la paz, el respeto a la vida y a la diversidad y una opción por la superación permanente.

El docente, deberá actualizar continuamente su propio papel para contribuir significativamente a lo más trascendente en el desarrollo personal y social de las nuevas generaciones, que bajo las circunstancias de hoy, están en constante aprendizaje.

El papel del maestro del siglo XXI es el de un agente de cambio que entiende, promueve, orienta y da sentido al cambio inevitable que nos transforma a todos. Lo que se pide de él es un compromiso con la superación personal, con el aprendizaje, con los alumnos, con la creación de una sociedad mejor y con la revolución educativa y social que se requiere urgentemente.

Dado lo anterior, el docente debe ser:

Un modelo de aprendiz, aprendiz de nuevas estrategias, técnicas, de nuevos enfoques y destrezas que propicia un mundo globalizado, competitivo y especializado características propias de la era del conocimiento.

Un líder moderno, que dirige, orienta, da sentido y fortalece el esfuerzo de sus alumnos, conduciéndolos a una sociedad con mayor libertad, con múltiples alternativas pero también cargada de incertidumbre en la cual como diría Heráclito: lo único permanente es el cambio.

Un cuestionador e investigador, que enseñe a pensar, a descubrir, a formular, a buscar.

Un filósofo, amigo de la sabiduría y del conocimiento, buscador intelectual que adecue las teorías y modelos a una realidad concreta.

Un visionario, que construya proyectos futuros integrales que ubiquen y motiven el quehacer de los alumnos en este mundo, con una concepción de lo que es el ser humano, sus posibilidades y trascendencia.

Un formador de las generaciones por venir, de las nuevas familias, comunidades, empresas e instituciones.

Un maestro de la vida… que ponga en el centro de su vocación los valores humanos, solo así esta tendrá sentido y podrá recobrar el lugar social que le corresponde a lado de los trasformadores y forjadores de la sociedad.

Lo anteriormente mencionado es inspiracional y no se deberán descuidar  algunos aspectos didácticos que con respecto a la función del docente y un modelo basado en competencias se sugiere consolidar.

Aspectos como:

* Lograr claridad en los objetivos de aprendizaje.
* Propiciar condiciones favorables para el logro de aprendizajes significativos.
* Seleccionar y proponer estrategias diversas para lograr los objetivos.
* Tomar en cuenta las dificultades que se presenten y ajustar los objetivos a las posibilidades reales del grupo.

La realidad que propone el siglo XXI exige al docente:

1. Un cambio de actitud y la adquisición de nuevas competencias profesionales, atendiendo a la necesidad de cambio.
2. La aplicación práctica de la investigación-acción  como elemento de mejora de la propia práctica profesional y de la innovación.
3. Trabajar en equipo, lo que exige nuevas destrezas sociales, y una  nueva concepción del entorno educativo en donde se desenvuelve, su sistema relacional, de valores y estructuras.
4. Redimensionar la existencia de otros grupos de interés (familia, medios, otros profesionales) con los que tiene que relacionarse.
5. La aplicación de las nuevas tecnologías que le permiten motivar, mejorar, replantear su labor docente en virtud de buscar nuevos estímulos que lo lleven a mejorarla.

El docente de hoy, por las exigencias de su práctica, es un profesional que toma decisiones, flexible, libre de prejuicios (actitud de anteponerse y rectificar a tiempo), comprometido con su práctica porque reflexiona sobre la misma y le aporta elementos de mejora.(TEJADA; 1995:26)

La investigación-acción, representa una estrategia de formación del profesorado en tanto que requiere un proceso de reflexión cooperativa más que privada y que exige enfocar el análisis conjunto de medios y fines en la práctica, proponerse la transformación de la realidad de la escuela y del aula mediante la comprensión previa y la participación de los profesores en el diseño, desarrollo y evaluación de estrategias de cambio. (Elliot 1990).
No puede haber un desarrollo curricular sin un desarrollo profesional docente, por ello no se parte de una preparación académica, sino de un proceso de investigación, en el cual los profesores sistemáticamente reflexionan sobre su práctica y utilizan el resultado de su reflexión para mejorar la calidad de su actuación posterior. Esto quiere decir que el profesor ha de ser un investigador en el aula, que es donde desarrolla su práctica y donde aparecen problemas-retos que proponen el diseño de estrategias de intervención para solucionarlos e incorporarlas al cúmulo de experiencias que conforman la teoría educativa.

Al concebir al docente como un profesional, surgen nuevos retos ya que el desarrollo profesional tiene que ver con procesos de mejora de conocimientos, destrezas, competencias y actitudes. Desde un planteamiento más amplio, el desarrollo profesional, sería “un proceso para el desarrollo personal y profesional de los docentes dentro de un clima organizativo positivo y de apoyo que pretende la mejora en el aprendizaje de los alumnos y la autorrenovación continua y responsable de los profesores y la escuela”.

El reto de los docentes en el siglo XXI dadas las características del entorno actual (globalización, diversidad, creatividad, innovación, especialización), es convertirse en docentes estratégicos, capaces de anticiparse, descubrir, crear y adaptarse a las situaciones que se les presenten, no pretender seguir un programa de curso al pie de la letra o “adoptar” técnicas y recursos didácticos aplicados en otras experiencias.

Por otra parte la actividad docente y los procesos de formación del profesorado, deben plantearse con la intención de generar un conocimiento  didáctico o saber integrador, que trascienda el análisis crítico y teórico para llegar a propuestas concretas y realizables que permitan una transformación positiva de esta profesión.

CARACTERÍSTICAS DEL PROFESOR DEL S. XXI:

Ser autoritario en su campo de acción.
Debe fomentar la competitividad.
Debe introducir con humildad la cultura.
Debe ser solidario y obrar en el bien común.
Debe actuar con transparencia, lealtad y ética.
Debe trabajar por la institucionalidad.
Desarrollarse en equipo.
Hacer del trabajo un hábito.
Tiene que buscar ser el mejor e innovador.
Debe evolucionar en forma íntegra en paralelo a la estrategia, persona y tecnología.
Adaptar la innovación de otros a nuestra forma de trabajo.
Capacidad de enseñar y aprender.
El profesor debe problematizar.
Tiene que aceptar los propios impulsos, debe explorar jugueteando.
Debe aprovechar sus cualidades, innovar sin temor a que los jefes o los burócratas lo amonesten.
Debe adecuarse a las nuevas necesidades del mercado laboral.
Debe mejorar siempre en su manera de enseñar.

El docente debe ser investigador de soluciones nuevas.
Si se le presenta un problema debe enfrentarlo con soluciones creativas eso lo ayuda a su desarrollo personal y así mejorar cada día.
Debe entender que el error no es para reprobar sino que debe convertirse en una actitud constructiva ante los errores propios y de los compañeros.
Necesitamos docentes con resiliencia.
El docente debe romper las 4 paredes e invadir otros campos.

 

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